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Educar en positivo: Una perspectiva diferente de ver la vida

enero 28, 2011
Por Jennifer Ayala

Tomando a la educación como un proceso de adquirir conocimientos y habilidades, desarrollar destrezas y potenciar actitudes, es importante que todos los actores involucrados centren su accionar en lograr tanto los objetivos individuales como los de conjunto. En esta tarea, debe surgir de forma natural o espontánea un pensamiento positivo que involucre tanto a estudiantes como a maestros.

 

“Educar en positivo” implica las siguientes acciones:

  • Premiar conductas favorables, en lugar de castigar malos comportamientos.
  • Reconocer fortalezas, en lugar de criticar debilidades.
  • Convertir a las debilidades en oportunidades de crecimiento.
  • Prevenir acciones, antes que corregir.
  • Promover las conductas deseadas, en lugar de prohibir las no deseadas
  • Hablar las debilidades en privado, en lugar de hacerlas del conocimiento público.
  • Formar hábitos, en lugar de crear apatía ante actividades.
  • Fomentar el pensamiento en el presente y futuro, antes que pensar en errores del pasado.

 

Cuando se inicia la educación en positivo, la vida se ve de una perspectiva diferente. No solo cambia la vida del maestro o del alumno en el aula, sino que transforma su comportamiento con los demás.

Para llegar a este nivel, se debe aplicar el pensamiento opuesto, que consiste en llenar nuestra mente de imágenes exitosas, favorables, y alejar de ella las ideas negativas.

Por lo tanto, deben surgir conductas específicas desde los maestros para que estas sean transmitidas a los estudiantes.

  • Cambiar la forma de ver las cosas: Cuando un estudiante se comporta de forma incorrecta es la oportunidad de enseñarle, de hacerlo crecer.
  • Cambiar la forma de hablar: Se deben elaborar frases afirmativas, no negativas, por ejemplo, “Mantener el aula limpia, fresca y ordenada” en lugar de “No botar la basura en el piso”.
  • Cambiar la forma de etiquetar a los estudiantes: Existe siempre una tendencia de definir a los estudiantes con ciertas actitudes, por ejemplo, “el desordenado”, “el relajo”, “el mal portado”, “el sucio”, “el callado”, porque el alumno termina creyéndose la aseveración y adoptando como normal el comportamiento.
  • Autocontrol: Esto permite tomar las decisiones correctas en el tiempo adecuado para hacerlo y ser asertivo.

Por otro lado, este modelo no solo aplica a docentes y estudiantes, puede ser tomado como un estilo de vida por parte de todo tipo de persona. Se puede iniciar el pensamiento positivo en el hogar, escuela, oficina, gimnasio, supermercado, en fin, en todo lugar.

Y es que cuando padres, hijos, maestros, alumnos, vecinos, empleados, jefes, autoridades, se convierten en personas positivas y proactivas, en búsqueda de soluciones y no de problemas, se inicia un ciclo de convivencia único que permite el desarrollo del ser humano en plenitud.

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