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La laboriosidad

marzo 11, 2011

El mundo contemporáneo, inmerso en un desenfrenado avance tecnológico, unido a nuevas y complejas transformaciones sociales y económicas de carácter universal, genera cambios en los patrones tradicionales de la conducta y accionar del individuo.

Otro aspecto importante es el modelo que los padres representan para el niño, pues ellos cumplen horarios laborales específicos, o realizan esfuerzos en tiempo y habilidad para entregar trabajos encargados. Los niños perciben que el mundo del trabajo es algo natural que forme parte de la realidad social, de la vida familiar y que favorece el sostenimiento y calidad de vida de la familia.

La laboriosidad, como todos, tiene la función de asegurar la convivencia y el respeto mutuo, se vincula con el mantenimiento y el desarrollo del bienestar del individuo y hasta el de la humanidad.

El contenido de los valores como parte de los principios, las normas y escalas calificativas, debe transformarse internamente en convicciones, atendiendo al tratamiento a sus componentes cognitivo, afectivo-volutivo, ideológico y de las experiencias acumuladas.

Alguna vez alguien dijo que “Tan terrible es el trabajo que hasta pagan por hacerlo”, sin embargo, es de una valía fundamental.

Cuando alguien se refiere a nosotros por ser muy laboriosos nos sentimos halagados: los demás alaban nuestra  capacidad de estar horas y horas en la escuela, en la casa o en la oficina haciendo muchas cosas que son importantes.

La laboriosidad significa hacer con cuidado y esmero las tareas y deberes que son propios de las circunstancias. El estudiante va a la escuela, el ama de casa se preocupa por los miles de detalles que implican que un hogar sea acogedor, los profesionales dirigen su actividad a los servicios que prestan.

Pero, también pienso que  este valor no significa únicamente cumplir con el trabajo.

También implica el ayudar a quienes nos rodean, incluso durante el tiempo de descanso; los padres velan por el bienestar de toda la familia y el cuidado material de sus bienes; los hijos además del estudio, proporcionan ayuda en los quehaceres domésticos.

Podemos, fácilmente, dar una apariencia de laboriosidad cuando adquirimos demasiadas obligaciones para quedar bien, aún sabiendo que no cumpliremos oportunamente;

También puede tomarse como pretexto el pasar demasiado tiempo en la oficina o la escuela para dejar de hacer otras cosas, como evitar llegar temprano a casa y así no ayudar a la esposa o a los padres.

No propongo una receta específica cuyos ingredientes  se mezclen hasta lograr la laboriosidad.Más vale ser para ser activos, hacer cosas que traigan un beneficio a nuestra persona, o mejor aún, a quienes nos rodean.

No hace falta pensar en grandes empresas, sobre todo para los fines de semana, pues el descanso es necesario para reponer fuerzas y trabajar más y mejor.

El respiro no significa no hacer nada, sino dedicarse a actividades que requieren menor esfuerzo y diferentes a las que usualmente realizamos.

Trabajar es solo el primer paso, hacerlo bien y con cuidado en los pequeños detalles, nos convierte en personas laboriosas, dotados sin dudas, de un valor tan necesario como imprescindible por estos tiempos.

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