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NEUROCIENCIA E INTELIGENCIA EMOCIONAL

abril 29, 2015

El término inteligencia emocional fue empleado por primera vez en el año 1966. Sin embargo, fue popularizado por Daniel Goleman cuando lo usó en su libro Emotional Intelligence, publicado en 1995. El significado de esta palabra se refiere a la capacidad humana de sentir, entender, controlar y modificar las emociones en uno mismo y en los demás, es decir, mantenerlas equilibradas.

Para comprender el gran poder de las emociones sobre la mente y la causa del frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón se debe tener en consideración la forma en que ha evolucionado el cerebro y algunas de sus funciones.

Actualmente se sabe que es tan importante tener un buen CI como un buen coeficiente emocional (CE). Múltiples estudios en torno a la inteligencia emocional demuestran que los niños que han desarrollado su inteligencia emocional son más felices, más seguros y confiados y tienen éxito en su vida escolar y con el paso del tiempo logran desarrollar una personalidad madura.

La inteligencia emocional, como toda conducta es transmitida de padres a hijos y sobre modelos que se crea a través de las personas de su entorno. Los niños son capaces de captar todo tipo de estados de ánimo por parte de los padres: ansiedad, angustia, frustración, dolor, etc. apropiándose de ellos e integrándolos a su inteligencia emocional.

Neurociencia tras la inteligencia emocional

El cerebro humano ha sido estructurado en tres capas:
El cerebro instintivo, controla nuestros instintos y reflejos. Nos mantiene alerta de nuestras necesidades: hambre, sed, sueño.
El cerebro límbico, controla las emociones que van surgiendo día a día. Genera acciones y reacciones impulsivas.
El cerebro cortical, tiene la capacidad para resolver problemas, trazarse metas, tomar decisiones y controlar nuestras emociones.
Pero… ¿cómo lograr que el cerebro límbico no interfiera en el cerebro cortical? Cuando percibimos una situación amenazante o detonante, esta es recibida por el cerebro límbico que envía el mensaje a la amígdala (cerebral), quien libera adrenalina poniéndonos en alerta. Esta a su vez transmite el mensaje al hipotálamo enviando parte de la información al cerebro cortical. Cuando la adrenalina se va activando vamos comenzando a sentir ira, a fruncir el ceño, el corazón comienza a latir rápidamente, de igual manera ocurre con la respiración. De igual manera llega la misma emoción al pensamiento, pero de manera más lenta.

Una persona emocionalmente inteligente es capaz de controlar sus emociones. Las habilidades de inteligencia emocional pueden desarrollarse en beneficio personal.

Algunas características de una persona emocionalmente inteligente 1
Una persona emocionalmente inteligente presenta características como:
Tiene actitud positiva, pues valora más los aspectos positivos que los negativos, los aciertos que los errores, las cualidades que los defectos.
Reconoce sus sentimientos y emociones, es capaz de admitir cómo se siente frente a determinada situación.
Es capaz de expresar sentimientos y emociones. Sabe cuándo se siente feliz, emocionada, así como triste y también en qué momento debe sacar a relucirlos.
Es capaz de controlar sus sentimientos y emociones, pues ha encontrado un equilibrio emocional, además es tolerante a la frustración.
Es empática, porque es capaz de ponerse en lugar del otro y de captar emociones de los demás aunque los otros no los expresen.
Toma decisiones adecuadas, pues logra integral lo emocional con lo racional.
Posee autoestima adecuada, pues confía en sus capacidades y habilidades. Es consciente de lo que sabe.
Sabe dar y recibir. Da sin esperar nada a cambio y recibe las cosas con gratitud.
Es capaz de superar dificultades, se da fortaleza a sí mismo para superarse y salir airoso de los problemas que se le presenten.

Inteligencia emocional en la escuela

Goleman ha llamado a esta educación de las emociones alfabetización emocional, y según él, lo que se pretende con ésta es enseñar a los alumnos a modular su emocionalidad desarrollando su inteligencia emocional.

Algunos objetivos que se persiguen con la implantación de un programa de inteligencia emocional en la escuela, podrían los siguientes:

-Detectar casos de pobre desempeño en el área emocional.
-Conocer cuáles son las emociones y reconocerlas en los demás.
-Clasificar lo que se siente en sentimientos, estados de ánimo, emociones.
-Desarrollar la tolerancia a las frustraciones diarias.
-Prevenir conductas de riesgo como alcoholismo o drogadicción.
-Desarrollar la resiliencia (capacidad de sobreponerse al dolor emocional).
-Prevenir conflictos interpersonales.
-Mejorar la calidad de vida escolar.

La aplicación de programas destinados a mejorar la inteligencia emocional ha demostrado grandiosas mejorías en los estudiantes: Incremento de la autoestima y el rendimiento académico, aumento de las relaciones interpersonales, mejora de la conducta social, disminución de la ansiedad, aumento de la tolerancia; entre otros.

¿Cuál debe ser el aporte de los docentes?
La enseñanza de las emociones inteligentes apunta al lado práctico, al entrenamiento y su perfeccionamiento. De nada sirven las instrucciones verbales como: “No lo vuelvas hacer” o “Si lo haces, vas a tener un castigo”, por el contrario, ayudan mucho las estrategias de modelado y juegos de roles.

Debemos enseñar a los niños a no actuar con impulsividad, sino a recepcionar la información y procesarla de manera que no les afecte. De igual manera con la tolerancia a la frustración. Usar historietas, cuentos y juegos de roles para enseñarles que las cosas que planeamos y deseamos no siempre se logran a la primera vez, podemos fallar pero tenemos que seguir intentándolo.

Desarrollar y manejar la inteligencia emocional nos conducirá a controlar nuestras emociones en beneficio de nosotros mismos.

colgadodelalectura.com

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¿CÓMO MANEJAR LA HIPERACTIVIDAD EN LOS NIÑOS?

abril 16, 2015

El trato con cada uno de los niños es personalizado, esto se debe a que todos son diferentes, cuando se determina la forma de ser de los hijos se pueden implementar estrategias para educar a los mismos, siempre y cuando se tenga como base fundamental el respeto y la disciplina. Es importante saber que el niño hiperactivo requiere de un trato diferente, pero sin dejar atrás la base nombrada.

Determinar cómo debe ser su comportamiento. Muchas personas piensan que los niños deben ser totalmente quietos y esto es imposible, es importante determinar cuál es el comportamiento ideal de un niño de acuerdo a su edad. Si el comportamiento es totalmente exagerado se puede decir que el mismo es hiperactivo.

Con la ayuda de los maestros. Los maestros y los padres son indispensables en la educación de los niños, por lo cual los dos se tienen que poner de acuerdo para saber cómo son los pequeños en los dos ambientes y determinar estrategias apropiadas para ayudar al niño hiperactivo.

– En lo relacionado con la atención. Los niños con cierto grado de hiperactividad no ponen mucho tiempo atención a una misma cosa, por lo cual es importante implementar actividades que logren cautivar la misma, cada vez por un tiempo más largo. De esta manera los niños van adquiriendo la capacidad de atender a los demás y de concentrarse en algo.

Lo relacionado con la impulsividad. El niño hiperactivo en muchas ocasiones no se puede controlar, actúa antes de pensar y puede herir a las personas. Es importante ayudarle al pequeño a tomar decisiones calmadas, que cuando pida algo lo haga de forma tranquila y que tenga la capacidad de esperar por lo que desea.

– Lo relacionado con la obediencia. A la mayoría de niños hiperactivos se les dificulta obedecer, esto no quiere decir que sean malos, sino que en muchas ocasiones las órdenes van enfocadas a que se queden quietos. Se deben escoger órdenes apropiadas para esta clase de niños, como que hagan sus tareas o ayuden en algo de la casa.

– Lo relacionado con el rendimiento académico. El niño hiperactivo por lo general es muy inteligente, pero se le dificulta concentrarse en un mismo tema por mucho tiempo. Esto quiere decir que para que el niño tenga un buen rendimiento las clases deben ser dinámicas y cortas, de esta forma se tendrá una buena educación para estos niños.

– Lo relacionado con metas. Para muchos niños los retos y metas son interesantes, estas se pueden premiar, ojala con cosas que lleven a compartir a la familia, como es el caso de un paseo. En el caso de estos niños las metas se deben enfocar en prestar atención o realizar una actividad escolar asignada.

Por medio de cada uno de estos consejos se puede ayudar a los niños con hiperactividad, para dejar de lado lo negativo y potencializar las cosas positivas de los niños. Es importante tratar a estos niños con respeto, tenerles un poco de paciencia y sobre todo expresarles amor, sin importar que se deban corregir.

fuente: educapeques.com

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NO ME DIGAS… ¿TENGO QUE LEER?

abril 8, 2015

En nuestra época, el deseo de adolescentes y jóvenes por leer un buen libro, sin duda, se ha reducido dramáticamente. Con frecuencia, es común observarlos con modernos celulares, revisando diversas publicaciones en Facebook, mandando innumerables mensajes por inbox, viendo videos en la web, atentos a los estrenos de películas, en fin… motivados y cautivados con los avances tecnológicos, que efectivamente cumplen con su función: entretener, acortar distancias, conectarnos con el mundo entero y, por supuesto, mantenernos “felizmente esclavizados” a su consumo.

Muchos de estos jóvenes, cuando se les pregunta sobre el nombre de la obra que están leyendo, suelen hacer una mueca de desconcierto, seguida de un tiempo en silencio, para luego expresar que no leen con frecuencia y que es más, la lectura… les aburre. Algunos señalan que al ver el número de las páginas, la abundancia de letras y la escasez de imágenes, les resulta una actividad tediosa. Otros, a mi parecer, los más sinceros, indican que les resulta difícil analizar y comprender los textos, por lo que se aburren y se cansan rápidamente. Sin embargo, muchos adolescentes y jóvenes se ven obligados a mantener el hábito de la lectura debido a las exigencias académicas a las que están sometidos, en lugar de encontrar valiosa y placentera dicha actividad. Esto refleja la poca importancia que se da a la lectura, como fuente de entretenimiento y reflexión. Y es que cultivar el hábito lector no es solo labor de los educadores, sino fundamentalmente del ámbito familiar.

El rol que cumple la familia en la formación del hábito lector es fundamental, pues recordemos que el aprendizaje en edades tempranas se produce por imitación, por lo que resulta indispensable la toma de conciencia de los padres de sus propios hábitos lectores. Si cuando nuestros hijos eran pequeños no hemos logrado incorporarles el hábito de la lectura, ya sea porque, como padres de familia, nos concentramos en satisfacer sus necesidades primarias, y no conocíamos la extraordinaria oportunidad del vínculo que nos brinda el compartir lecturas con ellos, en realidad, nunca es tarde; así que esta es una buena época para lograrlo, para aprender otra forma de vinculación con nuestros adolescentes y jóvenes, que nos permitan conocer su mundo, sus miedos y sus fantasías, creando un espacio de diálogo al que ellos, y nosotros como padres, queramos volver a lo largo de la vida.

Algunas sugerencias a los padres

Enseñe con el ejemplo. Reflexione sobre su propio hábito lector. Recuerde que, como padres, somos un ejemplo a imitar para nuestros hijos, y si ellos nos ven leer y disfrutar de esta actividad, será más fácil que cojan un libro para pasar un rato agradable, teniendo una disposición positiva porque la lectura será vista como algo normal e incluso será considerada como un entretenimiento en el hogar.

Ayude a sus hijos a organizar su tiempo para tener un momento de lectura, teniendo en cuenta que ayudar no significa imponer una organización y hacer de la lectura una obligación, sino apoyar su intención y enseñarles cómo lograr su objetivo.

Proponga leer, nunca obligarle a hacerlo. Si a su hijo adolescente lo que le gusta de verdad es ver televisión, es mejor tenerla de aliada y buscar obras relacionadas con sus programas o películas favoritas, lo que hará que, por lo menos, se muestre interesado.

Averigüe sobre obras o temas de interés en los jóvenes y motívelos a que inicien su hábito lector con una obra popular; usualmente los adolescentes disfrutan de obras de misterio, de temas detectivescos con una cuota de romance, como No me digas Bond. Esta obra fomenta la lectura y, además, brinda aprendizajes importantes en los jóvenes.

Busque apoyo en los docentes del colegio para que motiven y recomienden obras literarias que puedan captar la atención de su hijo.

Respete su manera de leer y su ritmo. Hay lectores que tardan mucho tiempo en terminar un libro, otros que lo “devoran”, a algunos les gustan las novedades, mientras que otros prefieren releer sus novelas; por tanto, es importante tener consideración de las peculiaridades de nuestros hijos en cuanto a sus hábitos de lectura.

Facilite el acceso de sus hijos a los libros. No solo es importante tener libros en casa, sino también acudir a bibliotecas y visitar librerías; así como incentivarlos a buscar información, sobre un autor, un libro o el significado de alguna palabra, adiestrándolos en el uso del diccionario, la biblioteca o el internet.

Fuente: colgadodelalectura.com