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NO ME DIGAS… ¿TENGO QUE LEER?

abril 8, 2015

En nuestra época, el deseo de adolescentes y jóvenes por leer un buen libro, sin duda, se ha reducido dramáticamente. Con frecuencia, es común observarlos con modernos celulares, revisando diversas publicaciones en Facebook, mandando innumerables mensajes por inbox, viendo videos en la web, atentos a los estrenos de películas, en fin… motivados y cautivados con los avances tecnológicos, que efectivamente cumplen con su función: entretener, acortar distancias, conectarnos con el mundo entero y, por supuesto, mantenernos “felizmente esclavizados” a su consumo.

Muchos de estos jóvenes, cuando se les pregunta sobre el nombre de la obra que están leyendo, suelen hacer una mueca de desconcierto, seguida de un tiempo en silencio, para luego expresar que no leen con frecuencia y que es más, la lectura… les aburre. Algunos señalan que al ver el número de las páginas, la abundancia de letras y la escasez de imágenes, les resulta una actividad tediosa. Otros, a mi parecer, los más sinceros, indican que les resulta difícil analizar y comprender los textos, por lo que se aburren y se cansan rápidamente. Sin embargo, muchos adolescentes y jóvenes se ven obligados a mantener el hábito de la lectura debido a las exigencias académicas a las que están sometidos, en lugar de encontrar valiosa y placentera dicha actividad. Esto refleja la poca importancia que se da a la lectura, como fuente de entretenimiento y reflexión. Y es que cultivar el hábito lector no es solo labor de los educadores, sino fundamentalmente del ámbito familiar.

El rol que cumple la familia en la formación del hábito lector es fundamental, pues recordemos que el aprendizaje en edades tempranas se produce por imitación, por lo que resulta indispensable la toma de conciencia de los padres de sus propios hábitos lectores. Si cuando nuestros hijos eran pequeños no hemos logrado incorporarles el hábito de la lectura, ya sea porque, como padres de familia, nos concentramos en satisfacer sus necesidades primarias, y no conocíamos la extraordinaria oportunidad del vínculo que nos brinda el compartir lecturas con ellos, en realidad, nunca es tarde; así que esta es una buena época para lograrlo, para aprender otra forma de vinculación con nuestros adolescentes y jóvenes, que nos permitan conocer su mundo, sus miedos y sus fantasías, creando un espacio de diálogo al que ellos, y nosotros como padres, queramos volver a lo largo de la vida.

Algunas sugerencias a los padres

Enseñe con el ejemplo. Reflexione sobre su propio hábito lector. Recuerde que, como padres, somos un ejemplo a imitar para nuestros hijos, y si ellos nos ven leer y disfrutar de esta actividad, será más fácil que cojan un libro para pasar un rato agradable, teniendo una disposición positiva porque la lectura será vista como algo normal e incluso será considerada como un entretenimiento en el hogar.

Ayude a sus hijos a organizar su tiempo para tener un momento de lectura, teniendo en cuenta que ayudar no significa imponer una organización y hacer de la lectura una obligación, sino apoyar su intención y enseñarles cómo lograr su objetivo.

Proponga leer, nunca obligarle a hacerlo. Si a su hijo adolescente lo que le gusta de verdad es ver televisión, es mejor tenerla de aliada y buscar obras relacionadas con sus programas o películas favoritas, lo que hará que, por lo menos, se muestre interesado.

Averigüe sobre obras o temas de interés en los jóvenes y motívelos a que inicien su hábito lector con una obra popular; usualmente los adolescentes disfrutan de obras de misterio, de temas detectivescos con una cuota de romance, como No me digas Bond. Esta obra fomenta la lectura y, además, brinda aprendizajes importantes en los jóvenes.

Busque apoyo en los docentes del colegio para que motiven y recomienden obras literarias que puedan captar la atención de su hijo.

Respete su manera de leer y su ritmo. Hay lectores que tardan mucho tiempo en terminar un libro, otros que lo “devoran”, a algunos les gustan las novedades, mientras que otros prefieren releer sus novelas; por tanto, es importante tener consideración de las peculiaridades de nuestros hijos en cuanto a sus hábitos de lectura.

Facilite el acceso de sus hijos a los libros. No solo es importante tener libros en casa, sino también acudir a bibliotecas y visitar librerías; así como incentivarlos a buscar información, sobre un autor, un libro o el significado de alguna palabra, adiestrándolos en el uso del diccionario, la biblioteca o el internet.

Fuente: colgadodelalectura.com

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